After the Storm

#cuento

Un tótem de cinco plantas y quince apartamentos

Lou W. Morrison

Carlota estaba de morros porque su madre la había prohibido esa tarde ir al centro comercial con sus amigas. En lugar de eso, la obligaba a quedarse en casa de doña Ágata mientras sus padres acudían a un compromiso.

—¡Pero mamá!

—¡Silencio! —la cortó su madre tras tocar al timbre del apartamento.

La puerta se abrió como si hubiera estado esperando la señal para hacerlo.

—¡Oh, Carlota! —en el umbral se recortó la rotunda figura de doña Ágata—. ¡Pero qué guapa estás! Eres toda una mujercita.

Carlota farfulló algo sobre que ya era demasiado mayor para tener canguro.

—Aquí se la dejo, doña Ágata —la madre de Carlota prácticamente empujó a su hija al interior de la casa.

La anciana y la madre intercambiaron algunas palabras en voz muy baja antes de que la puerta se cerrara y doña Ágata se reuniera con su joven invitada.

—Ven, Carlotita, que te he preparado algo para merendar.

Carlota, cruzada de brazos y de morros, se dejó conducir a regañadientes al salón. Allí su anfitriona la sentó en el sofá frente a una mesa de centro repleta de bollería casera, una gran variedad de sándwiches y una botella de refresco de naranja. Doña Ágata se sentó al otro lado de la mesa en un sillón, frente a frente con Carlota.

—Y dime, ¿hay algún chico que te guste en clase?

Carlota contestó por no ser maleducada, por la misma razón cogió un trozo de bizcocho.

—Pues sí. Hay un chico…

Poco a poco, a Carlota comenzaron a pesarle los párpados y a costarle hilar sus pensamientos. La lengua se le fue trabando hasta que finalmente se le apagó la voz, al igual que la consciencia.

Lo primero que se despertó fue su olfato.

—Qué bien huele.

—Es mi salsa casera de queso y hierbas —de algún punto cercano llegó la voz de doña Ágata.

Conforme a Carlota se le iban despertando el resto de sentidos, un sentimiento de incomodidad antecedió a cierto escozor y picor general que acabó culminando en un insoportable dolor proveniente de su hombro derecho.

Cuando la vista se le aclaró, observó que doña Ágata envolvía algo en hojaldre. Por un instante creyó ver asomarse unos dedos regordetes por uno de los extremos del rollo, pero enseguida aquella visión se esfumó.

—¿Qué es eso?

—Mi propia versión de brazo de gitano.

La anciana se giró y, con un par de pasos, llegó donde se encontraba Carlota. Agarrando el carro de servicio donde ésta estaba tumbada, cubierta de pies a cabeza con la citada salsa, y sin brazo derecho, se encaminó hacia el enorme horno, el cual ya caliente y con la puerta abierta, esperaba a la muchacha.

—No, por favor. ¿Por qué me hace esto?

—Desde que este edificio se construyó, han vivido entre sus muros muchas familias, igual que ahora viven otras tantas, y muchas más vivirán en el futuro. A todas ellas les ofrezco vivir seguras y con ciertas comodidades, a cambio solo pido el sacrificio cada cierto tiempo de uno de sus hijos o hijas que se encuentre en la más tierna de las edades. Hace años que te espero, Carlota —con un último empujón, doña Ágata introdujo la bandeja y a la condimentada joven dentro del horno—. Mientras te terminas de cocinar, piensa que tu sacrificio no será en balde, mueres para saciar mi apetito y mejorar la vida tanto de tus padres como del resto de esta comunidad de vecinos.

La puerta del horno al cerrarse apagó los gritos de Carlota.

Lou W. Morrison

Lou W. Morrison (Madrid, 1981) es licenciado en Historia por la Universidad de Alcalá. Ha publicado dos novelas de fantasía: O Fortuna (Editorial Leibros) y Crónicas Soulwalker: Tres Princesas (Amazon). Además, ha explorado la poesía con el poemario The Chronicles of the Madman (Amazon).

Sin embargo, su mayor reconocimiento lo ha obtenido en el género de horror, con obras como Jóvenes Guerreros (Editorial Atlantis), El festival de la matanza (Editorial La Corte Bizarra), El evangelio de la carne (Editorial La Corte Bizarra) y El último tabú (Editorial La Corte Bizarra). Su trabajo también está presente en numerosas antologías literarias, destacando Gritos Sucios (Editorial Vernacci), ganadora del Premio Amaltea a la mejor obra de terror de 2019; El amor es como el mar (Editorial Nueva Estrella); House of Horrors 2 y Fuksmas (Editorial Alien Buddha Press, EE. UU.); Dismórfica (Editorial Pandemonium, Perú); y Museo de Monstruosidades, microrrelatos de terror y ocultismo (Editorial Cthulhu, Perú).

Ha colaborado en revistas literarias tanto en España como en otros países, incluyendo The Wax (Argentina), MiNatura, Chile del Terror (Chile), Revista Infernalia (Perú), Cósmica Fanzine (México) y Alien Buddha Zine (EE. UU.). Actualmente, es director del pódcast La Corte Bizarra.

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