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Tag: cuidado

Sentarnos junto al fuego: paternidades que se construyen desde la palabra

En Sentarnos junto al fuego, Juan M. Fernández Chico propone un ejercicio de escritura colectiva sobre paternidad, cuidado, escucha, masculinidad, diálogo, comunidad, vulnerabilidad, ternura y memoria. Este proyecto nace como una forma de resistir desde la palabra y de construir nuevas formas de ser padre en un mundo que arde.
En Sentarnos junto al fuego, Juan M. Fernández Chico propone un ejercicio de escritura colectiva sobre paternidad, cuidado, escucha, masculinidad, diálogo, comunidad, vulnerabilidad, ternura y memoria. Este proyecto nace como una forma de resistir desde la palabra y de construir nuevas formas de ser padre en un mundo que arde.

El Blog de Juan M. Fernández Chico Sentarnos junto al fuego: paternidades que se construyen desde la palabra 23 de julio de 2025 Este post es el resumen de un trabajo de escritura más extenso en el que estoy trabajando. Es, por lo tanto, un pretexto, el pretexto de poner en palabras lo primero que se hace cuando se va a escribir un libro: resumir, compactar, deshilar. Trata de dar forma desde algo más breve, como una bola de nieve que crece conforme baja por la montaña. Este ejercicio se llama Sentarnos junto al fuego, y tiene como objetivo traer historias desde nuestras paternidades (con p, saco la maternidad porque no me corresponde escribir de ella). Sentarnos junto al fuego nos debe de llevar a ese lejano momento en el que, después de una larga jornada o viaje, cuando el sol se había ocultado y el frío de la noche se metía como un ladrón por nuestra ropa, nos juntábamos al rededor del fuego a descansar, pero, sobre todo, a platicar. Este momento era, para muchas culturas, el momento del día en que el silencio podía romperse sin miedo. Donde el cuerpo se detenía y la voz se volvía compañía. No era sólo una pausa: era un ritual. Un acto de cuidado y de comunidad. El fuego no sólo daba calor; ofrecía una razón para acercarnos. El fuego no sólo para sobrevivir el frío o cocinar, sino como un espacio de pausa, de reflexión y descanso; pero un espacio momentáneo en donde construímos a partir de lo común. No para crear sociedades o grupos, sólo para sentarse por un rato frente al otro, a veces un desconocido, y platicar, de nada o de todo. Da igual. Pero aquí va el objetivo principal. Sentarnos junto al fuego es, antes que anda, una invitación a crear esos espacios momentáneos. Hay muchas pausas y muchas oportunidades de hablar, pero esta es exclusivamente sobre nuestro trabajo (no, trabajo, no, la etimología de esa palabra es agresiva, moriar empalado no tiene que ver con la paternidad), digamos mejor, sobre nuestro ser de padres. Y hablar de nuestro ser de padres no es una cuestión técnica ni psicológica. Es una necesidad emocional, social, incluso política. Porque la paternidad que nos enseñaron fue muchas veces una figura ausente, autoritaria o simbólica. Pero hoy, ser padre es otra cosa: es estar. Es sostener. Es no saber y, aun así, quedarse. Este ejercicio lo veo por dos razones: estamos improvisando en el acto, y eso significa que tomamos lo que podemos de donde sea; hoy mas que nunca, tenemos una mayor necesidades de dialogar y comparar, tal vez nuestra ansiedad, tal vez nuestro miedo, quién sabe, pero necesitamos más información para poder ir adelante. Nuestras paternidades se rodean de más miedos, pero también de oportunidades; de ausencias, pero también de saltos de fe. Confíamos menos en nostros mismos, pero hacemos las cosas con mayor seguridad. Nos preocupa ser malos padres, o no estar presentes lo suficientes, o no haber creado experiencias valiosas y amorosas para nuestras hijas e hijos, lo que nos empuja a ser mejores. Nos exigimos tanto, que a veces olvidamos que criar no es un examen. Que ser padre no es un rol que se aprueba o reprueba, sino un vínculo en constante construcción. Por eso necesitamos escucharnos: porque en cada historia de otro padre, hay un reflejo posible de lo que somos o de lo que no queremos repetir. Y es ahí en donde creo que es importante estos espacios: después del fútbol, en la carne asada, en la cafetería del trabajo, en algún libro o un foro. Dialogar y compartir nos hace ser mejores versiones de nosotros mismos. Cuando escucho al otro padre, cuando me cuenta sus experiencias y aprendizajes, vivo y aprendo a través de él, pero también, me desahogo, esa presión se aligera simplemente por escucharle y saberme escuchado. Emmanuel Lévinas escribió que el lenguaje no es solo un medio de comunicación, sino un acto de hospitalidad. No venimos a sentarnos junto al fuego para estar de acuerdo. Venimos para escuchar lo que el otro lleva dentro, y, al hacerlo, aliviar también lo nuestro. Compartir la carga. Abrir una grieta en la coraza. Encender una pequeña llama que nos recuerde que no estamos solos. Este post es eso: un círculo alrededor del fuego. Un espacio para empezar a contar. No para cerrar nada, sino para abrir lo que aún no se ha dicho. Lo que sentimos, lo que callamos, lo que tememos, lo que deseamos. Porque cuando nos sentamos junto al fuego, lo que estamos haciendo es volver a casa —aunque sea por un momento. Lee más posts de Juan M. FErnández Chico ¿Por qué sigues aquí? Blog Completo

Published July 23, 2025
Categorized as Juan M. Fernández Chico Tagged comunidad, cuidado, diálogo, escritura, escucha, fuego, Juan M. Fernández Chico, paternidad, ternura, vulnerabilidad

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