¿De dónde viene la manía?
Esa sombra gélida que se lleva
como silicio en los talones.
Que dicta las pesadillas
y hace el amor con los temores.
Su persecución es infinita
como la búsqueda de la verdad
y de Dios.
Respiras noctámbulo el frío espectral,
la luna, eterna deslizante
brilla inmensa al devorar el sol.
¿De dónde viene la depresión?
Ese laberinto panóptico
que cambia según la posición de Venus.
La hermosa bestia que ahí habita
puede volcar la sangre de un hombre
en simple pus.
¡Qué desdicha marchar con las rodillas inflamadas!
¡Qué delicia vomitar a una voz como perro!
¿De dónde viene el dolor?
El diablo encajoso que se divierte
arrojando piedras a la cabeza.
Brinca henchido de gozo
al verter aceite hirviendo en la garganta
mientras uno duerme.
La voluntad agoniza
y la esperanza es un velo inútil.
Se antoja alimentar a los gusanos,
la piel apesta enmohecida,
los ojos se conservan en vinagre.
¿De dónde viene el perdón?
La santa luz que se presenta a chispazos
dejando al fugaz albedrío la salvación.
Burbujas aterciopeladas y rosas invaden el espíritu
como la primera vez que se toca un muslo tibio.
La sangre siempre volcánica,
hace manifestación inerme y con oleaje de cuna.
Recibes la paz en sus pestañas.
Ernesto Salamandra. (México D.F. 1990- ). Observador del carnaval humano y fiel practicante de la palingenesia. Escribe para asegurarse que existe, ya antes fue un recuerdo y sólo pretende seguir así. Ha publicado en algunas revistas digitales y participado en eventos de poesía.