El frío quiere llegar a mí, pero no lo dejaré. En un mundo que tiene calor, hasta esos lares me iré. Esa es mi meta y la de toda mi familia. No sólo mi familia; me acompañarán once colonias.
Nací en septiembre, casi en la puerta de octubre, y me encontré muy entretenida porque no nací sola: tengo hermanos y parientes que me acompañan. Jugamos día a día, noche a noche, a ser los más tragones; comer es lo importante, y más satisfactorio, comer y más comer hasta alcanzar la medida perfecta que nos ponga en condiciones para salir del frío, de las nevadas, del peligro de heladas.
Iremos al paraíso del calor, no bochornoso, sino aquel que hace felices a vegetales y animales. No queremos calor tórrido ni seco; nos damos el lujo de disfrutarlo con elegancia y categoría.
Después de pasar quince días comiendo a reventar, se alcanza la dormición tranquila y absoluta; llega el respiro del deber cumplido y las ganas de un descanso placentero. Antes de viajar tendremos un descanso pleno, provocado por nuestra naturaleza, para fortalecernos y alcanzar la meta de la buena salud. Estaremos sanos y fuertes para conseguir la fortuna.
La vida nos mete en la inconsciencia; nada qué hacer, solo gozar de una dormición que dura diez días, colgados en la sombra del verdor y satisfechos con el grato verdor que nos comimos.
Ya despiertos, vemos a las miriadas de congéneres casi atropellándose para no quedarse en la blancura pesarosa del frío absoluto, que terminaría con la vida. Se localiza al Sol, se presiente en el cuerpo que el frío empuja hacia el calentamiento; se siente que los impulsos solares deben guiarnos hacia tierras saturadas de luz en esplendor.
Comienza el traslado, mirando y siguiendo al Sol, sintiendo rayos y energías que nos impulsan a emigrar hacia el sur, dejando los parajes donde comenzará a nevar. Huir para vivir: salir del frío para llegar a tierras casi bochornosas. Solo tenemos tres meses para arribar a los bosques de oyameles, donde seremos felices, comeremos hasta hartarnos y planearemos la vuelta a casa hacia el norte, cuando ya las nevadas hayan emigrado.
Cuatro mil kilómetros de ida, cuatro mil de regreso, desde Canadá hasta México y de regreso. Cuatro días como ovos quietecitos, dos semanas como orugas tragonas, diez días como crisálidas impávidas, inmóviles y colgadas del verdor, y nueve meses de adulta viajera, surcando los cielos y quitándoles la monotonía azul, pintándolos de color naranja, que es el matiz de nuestras alas.
Once colonias volando, once colonias de muchos enjambres aprovechando los cielos de México y sus bosques de oyameles. Somos las reinas de los cielos, nos llamamos Mariposas Monarca…Danaus Plexippus.
FIN
Nací el 28 de mayo de 1936. Me dedico a la Educación Especial. De diez años a la fecha envío mis propuestas literarias a los certámenes. Ya tengo publicadas más de 2,000 obritas entre cuentos, narraciones, ensayos, poemas. Mi fin es publicar novela, Poemario o un gran ensayo.