Esperar es una virtud que funciona tanto en la vida como en el fútbol.
En la vida, esperar es tan importante como moverse. Esperamos el semáforo en rojo porque sabemos que se pondrá en verde. Esperamos en la fila del bufet por la recompensa de comer hasta no poder más.
Pero consideremos que hay esperas que no son negociables. No importa cuánto dinero o poder tengamos, no importa si pensamos que las merecemos o no. Esas esperas, a veces, incluso son peores: más terribles, más ansiosas.
Esperar el resultado de un estudio médico es agotador. O hacerlo desde la sala de un hospital.
Pero esperar también significa aprender.
Veamos qué nos puede enseñar el fútbol con esto.
La espera más común cuando juegas fútbol es la espera en la banca. Estar ahí no necesariamente es un indicio de que seas un mal jugador. A veces es una espera estratégica, otras, una espera casual.
Pero, a diferencia de lo que creemos, y a diferencia de la narrativa tradicional, el fútbol tiene muchas esperas. No sólo la del medio tiempo, o la previa, o las que se dan con las lentas marchas a cobrar un penal. Hay esperas activas: están ocurriendo mientras el juego se juega.
Pero esa espera no es, ni debe ser, inútil.
Esperar desde la banca es aprender: es observar, es analizar, es entender.
La banca no es, ni debe ser, un castigo. Es un lugar de privilegio en el que, desde la pausa, la inactividad, estamos jugando sin jugar. La banca es aprendizaje.
Toda espera, obligada o no, placentera o no, debe tener una causa.
Si no la tiene, entonces no estamos aprendiendo a habitar la banca, y la banca solo es aprovechable cuando se sabe estar en ella.
Por eso el crack mira impaciente, quiere entrar, patea, lanza la botella de agua o las quejas al aire. Si hiciera las paces con la espera, tal vez viviría mejor en esa banca momentánea. Lo haría con humildad, porque en la banca uno se sienta sin ego, sin pretensiones, sin arrogancia.
La banca siempre se debe habitar con honestidad y elegancia.
Mirar desde la banca es no preguntar si el equipo te necesita, ni siquiera cuestionar si algún día te van a necesitar. Es saber que te necesitan, pero en otro lado, en otro momento, con otra actitud.
Cuando te toque estar ahí, cuando te toque mirar la vida desde la banca, no te preguntes qué haces ahí.
Porque hay tantas respuestas como preguntas.
Solo acomódate, disfruta, aprende.