After the Storm

#cuento

Salto de fe

Sebastián Alvarado Fuentes

—Pero ayúdeme, porque necesito que me ayuden.
¡Apiádese, ayúdeme!
—¡No!
Albert Camus

 

Un cuerpo diminuto, casi imperceptible, atraviesa la oscuridad. Un cuerpo hambriento avanza raudo, sin hacer ruido, hasta ese rincón en donde se filtra un poco de luz.

***


A través de las grietas puedo verlos.
Ahora se sientan alrededor de una mesa, se ríen y se abrazan. Se abrigan los unos a los otros. Los animales de casa los acompañan acostados en el suelo o encima de algún mueble. A ellos se les permite compartir el calor. A nosotros no.

Con los de mi clase vivimos en la oscuridad. Si salimos a la luz del día, los animales de casa nos persiguen y asesinan. Si entramos a la casa, los humanos lo harán.

¿Por qué nos odian? Los perros y los gatos también caminan en cuatro patas y tienen colas. Me gustaría que me alimentaran, que acariciaran mi lomo y me permitieran dormir en sus camas. Me gustaría no estar condenado a estos rincones, a esta humedad, a tener que escapar cada vez que un halo de luz deja entrever mi existencia.

Estoy solo. Soy el único que queda de mi clan. Logré salvarme ingresando al entretecho, desde el cual puedo vigilar lo que hace la pareja todos los días.

En las noches, por ejemplo, ella le pega con las piernas mientras duerme.
En el día, ella sale y él se queda frente a un aparato. A ratos, se agarra la cabeza con las manos o mira, triste, una ventana sucia. Todo el tiempo parece querer hacer algo, pero a la vez no encuentra la forma de llevarlo a cabo. Todo el tiempo se posa en su rostro un dejo de tristeza.

Intuyo que, aunque el humano lo ignore, algo nos conecta; que existe un motivo por el cual encontré refugio en este lugar.

Ella, al llegar, suele saludarlo y comer algo. Los animales de casa, felices, la rodean y lamen sus manos. Con su retorno se impone entonces un equilibrio imperturbable. En esos momentos, quiero estar ahí, acurrucarme junto a ellos y ser partícipe de su felicidad.

A veces creo que me escuchan. Cuando camino y arrastro mi cola, el techo cruje levemente. Cuando eso pasa, ellos miran hacia arriba con ojos de odio, como si percibieran este retazo de existencia anónima.

Todos somos animales que aparecimos repentinamente en el mismo mundo. Todos deberíamos poder convivir en él.

Ahora creo que me escucharon. Ahora se repite esa mirada. El hombre está sacando algo de una gaveta; parece que es comida.

El hombre camina y trae una escalera que le permite acceder al entretecho. Viene por mí, pero yo soy más rápido que los humanos y sus animales.
El hombre me lanza algo y se va. Siento su olor: es comida.

¿Qué significa esto?
¿Es el momento? ¿Por fin me aceptarán como uno más? ¿Por fin podré ser parte de su calor, de su felicidad?
¿Me cuidarán? ¿Me acariciarán? ¿Me permitirán lamer sus manos? Quiero dormir entre ambos y que me acaricien; quiero ocultar mi rostro entre sus brazos.
¿El mundo cambiará? ¿Podremos dejar de escondernos? ¿Podremos salir de la oscuridad?
Quiero dormir entre ambos y acariciarlos; quiero, con mis diminutas manos, otorgarles tranquilidad si tienen pesadillas.
¿Existe la salvación? ¿Seré el primero de mi especie en ser aceptado?

Comeré la ofrenda y bajaré. Me presentaré frente a ellos. El mundo cambiará.
Hoy elijo creer. Este es mi salto de fe.

***


Un cuerpo diminuto, después de ingerir el alimento, se retuerce de dolor. Gime y salta, como si su estómago se estuviera incendiando. Luego de unos minutos, estira sus pequeñas manos hacia ese rincón en donde se filtra un poco de luz. No se mueve más.

Sebastián Alvarado Fuentes

(Santiago de Chile, 1989) es licenciado en Lingüística y Literatura con mención en Literatura por la Universidad de Chile y profesor de Lenguaje y Comunicación por la Universidad Católica, donde recibió el Premio Facultad de Educación UC 2020. También posee un Magíster en Letras de la misma institución.

Es autor del poemario El rostro que brota de la herida (Aguja Literaria, 2023), la novela El punto de no retorno (Editorial Camino, 2021) y el plaquette de poesía Necrovida (PorlasMías Ediciones, 2021). Ha sido reconocido con varios premios literarios, incluyendo el primer lugar en poesía en el VII Concurso Literario del Cementerio Metropolitano (2022), el primer lugar en el VI Concurso de Cuento Corto de Vitacura (2022), el segundo lugar en el I Concurso de Creación Literaria Cuentearte de la Biblioteca Viva (2018) y una mención honrosa en el I Concurso de Narrativas y Visuales de la Memoria de la Comisión de Memoria y DDHH de la Universidad de Chile (2019).

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